¡¿Cómo están Chileciteños?! Les cuento que hoy es un muy, pero muy buen viernes para mí. Más allá de que el servicio de blogs de Google no anda desde ayer, y de que me borraron la crónica del miércoles, hoy comienzo unos días de vacaciones que ya empecé a disfrutar ¡acá! En Chilecito. Y además, para los que no lo saben, hoy empezó la novena de nuestra patrona Santa Rita. Y antes de empezar con esta crónica número 17, quien diría que llegaría a tantas, les quiero agradecer a todos los blogueros y facebookeros que hicieron posible superar ¡las 550 visitas!
Pero en fin, hoy quiero tener una actitud de jueves, porque decidí hablar sobre algo que me paso ayer, y que seguramente a muchos les pasa:
La Tortura de Costear 200 km de Cerro a 2 kilómetros por hora.
¡SI! Ayer me vine en colectivo para mis pagos, y como no estoy autorizado legalmente a nombrar la fucking empresa de transporte, voy a hablar de todas en general. ¿No les pasó que todo el viaje que supuestamente debería durar no más de 2 horas y media, se les hizo eterno?
Ya es bastante molesto llegar a la terminal y tener bancarte a esos que te abren las puertas de los taxis y que encima les tenés que dar una moneda. A ver, gracias a Dios tengo dos manos, ¡SI NO TE PIDO QUE ME ABRAS LA FUCKING PUERTA! ¡¡NO ME LA ABRAS!! ¡¡¡PORQUE NO TE QUIERO PAGAR POR ALGO QUE PUEDO HACER SOLO!!!
Encima llegas, y te enteras que el colectivo ni siquiera está en la terminal, pensás en comer algo y te pretenden cobrar ¡¡$4 por un pebete!! Y dicen que hay dispersión de precios. Seguís esperando, seguís esperando, se te ocurre prender la compu y usar un poco del Wi-Fi, y justo cuando estas por conectarte, llega el colectivo (¬.¬). Pero a fin de cuentas, te subís, y si tenés la suerte de ir solo en los asientos, vas a tener un buen viaje.
Salvo por el hecho de que no solo que vas a medio kilómetro por hora, si no que además no falta la madre con el niño que llora y llora y llora, o los típicos dos viejos chotos que parece que no se ven hace milenios y van toooodo el viaje contándose la vida a los gritos. O si no te toca alguno que escucha cumbia con el celular y te obliga a tener a tus oídos un par de horas bajo esa tortura.
Pero en fin; pensás que dentro de poco todo va a terminar, y te das cuentas que el colectivo de mierd… va por cuanto pueblito se cruza, bajando y subiendo una sola persona, y que encima pretende que la dejen en la puerta de su casa. A ver, si son de Vichigasta, no hay drama de que el colectivo tenga que entrar ahí, pero ¿es necesario que vaya dejando uno por uno, casi en la puerta de su casa? ¿Qué te crees? ¿ Querés que también te baje el bolso y te ponga la ropa en el placard?
Pero todo cambia justo unos segundos después de pasar Nonogasta, y unos segundos antes de que ahorques al infeliz que escucha la música al taco con los auriculares; de pronto ves ese arco que cruzaste mil y un veces, y sin darte cuenta te estas bajando en la terminal que más extrañas. Y más allá de que te tenés que ir a pata, porque no hay taxis, todo el sacrificio de viajar valió la pena, cuando abrís la puerta de TU casa.
Take it or Leave it!
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