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      ¡Buenos miércoles gente! ¿Cómo va? Ya vamos transitando la crónica número 40, mientras cada vez falta menos para la primavera, y nos podemos ir olvidando de todos los camperones, ponchos y bufandas.

      En este mundo las cosas siguen más o menos igual, los futbolistas españoles están en huelga, ya se inauguró la Jornada Mundial de la juventud en Madrid, donde están algunos Chileciteños, y por lo menos yo me mate de la risa con la foto de Menem votando, y el presidente de mesa agarrándose los huevos justo delante de él; lo loco es que llego a ser tema de diarios nacionales, claro que no fue a propósito si no una foto tomada en el lugar y momento justo.

      Pero en fin, después de una crónica muy a lo Fito Páez, hoy voy a escribir sobre algo que todo estudiante universitario que se va a vivir solo, en un lugar alquilado, sufre:

El Eterno Quilombo entre la Inmobiliaria, los artefactos de la casa y Vos.

      Sí, todos los que alguna vez tuvimos que firmar un contrato de alquiler, sufrimos miles de cosas que jamás habíamos vivido en el seno del hogar propio. No hay peor cosa en el mundo que se te rompa algo en tu departamento y tener que reclamárselo a los de la inmobiliaria. A mí, generalmente, se me rompe el calefón berreta que tengo.

      Encima uno está muy acostumbrado a que tu viejo se encargue de solucionar esos problemas. No me voy a olvidar la primera vez que intente arreglar el calefón yo solo, como era de esperar mi casa terminó inundada, mi viejo riéndose por teléfono y el plomero contento porque me estafó $40 de mi presupuesto.

      Lo peor no es la inutilidad que uno puede llegar a tener, si no el hecho de que cuando querés que la inmobiliaria pague lo que se rompió, se hacen olímpicamente los desentendidos. Entonces todo se vuelve un ir y venir, discutir, llamar a tus viejos, que tus viejos llamen a los de la inmobiliaria, y AHÍ recién te dan bola. Claro, como uno es un mocoso no nos escuchan, cuando uno es quien paga el alquiler, ahí sí. Que injusto...

      Así que la crónica de hoy es para todos nosotros, estudiantes, que tenemos la valentía y un poco de locura, de fingir ser electricistas, plomeros, gasistas y pintores...

      Y también va dedicada a todos esos viejos, que sin hacer mucho lio y mucho ruido, se encargan de que la casa funcione cual reloj suizo. Porque lamentablemente, uno se entera tarde del mantenimiento técnico que necesita un hogar...

Arréglalo o Págalo.

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